No hay nada como las noches surrealistas de alcohol y caras nuevas. Nunca las busco, he de confesar. Cuando me peino, me perfumo y me contemplo en el espejo cuidadosamente por la tarde no fantaseo sobre las conversaciones inesperadas que tendré con gente que ni imaginaba que existía pero que se convertirá en el centro de mi atención horas más tarde. Creo que es la única parte de mi vida que no planeo y por eso la disfruto tanto. Creo que por eso antes no acababa siempre mis noches con una sensación de alegría ante una historia más que llevarme a dormir. Antes sabía cómo iba a empezar y cómo iba a acabar todo porque no era libre y ahora no hay nada que me apasione tanto como ser completamente libre.
Es difícil de comprender si no es algo que uno disfrute de entrada. La compañía de extraños plagada de conversaciones insustanciales… Pero todo es fascinante. Los hombres son fascinantes, por ejemplo. Por las noches bien se cumple aquel dicho de mentir más que hablar en su caso. Se echan años encima para parecer más interesantes, se cambian el nombre, el estado civil y hasta el lugar de nacimiento, eliminan escrupulosamente los datos que creen insustanciales y perjudiciales para lo ocasión e inflaman otros con la esperanza de mejorar su facha de muchachito un tanto alcoholizado. Es tan divertido hacer que te importa lo que dicen, que les crees de verdad dentro de tu ingenuidad y que cada cosa que dicen les hace un poco más interesantes. Esto en realidad solo es un trámite, la verdad vendrá más tarde.
Lo que ellos no saben es que en el momento en que dejan de hablar ya no pueden controlar lo que dicen sobre sí mismos. Tan veraz es la información que puedes obtener de su cuerpo en un par de horas en silencio.
Sabes que nunca ha estado enamorado y que no planea estarlo. O que lo estuvo hasta hace poco y por eso te acaricia el pelo y te da las manos. Sabes que hace mucho que no se acuesta con nadie. O sabes que está acostumbrado a los arreglos rápidos. Sabes si fue un chico apocado en el colegio. O si es un pijo mimado al que siempre le han dado todo. Diferencias entre quién tiene amigas y conoce a las chicas y quién tiene muchos amigos pero cree conocer a las mujeres. Sabes quién te rompe los abalorios porque te adora y quién te los rompe porque es un misógino y un machista. Sabes que quiere ser director de cine o estrella del rock. O sabes que no ha cogido un libro en su vida ni para abanicarse. Sabes si ha tenido la fatídica conversación con sus amigos sobre “Lo que debes hacer con una chica cuando esperas algo a cambio”. Sabes que no es de por aquí por cómo mide las distancias o por cómo mira las calles, aunque diga lo contrario, sabes que no es de Madrid. Comprendes que es un gilipollas o que podría ser tu mejor amigo.
Y así me llevo conmigo sus historias a mi habitación por la mañana. Guardo sus secretos y me encanta conocer a la gente de este modo. Es el interés antropológico elevado a su máximo exponente.
Madrid…
Llévame en tu coche a algún vicio por ahí
Búscame en las ondas alguien que hable para mí.



3 comentarios
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enero 28, 2010 a 12:01 am
Sonotthepoint
Por alguna razón, no hay mejor sitio para ser completamente libre que Madrid.
Me encanta esta entrada, me encanta lo que representa y cómo está escrita. Racionalmente, por otro lado, creo que todo cuanto puedes saber de alguien sin que te lo diga es solo relevante hasta cierto punto. Al final, todas las personas son mucho más complejas. O eso espero xD.
Lo que nadie puede negar es que conocer a gente de manera inesperada es fascinante.
enero 30, 2010 a 10:10 pm
blackheartqueen
Efectivamente, eso es, lo que representa esta entrada
Y sí, por supuesto que todas las personas son mucho más complejas que lo que dicen o lo que puedes averiguar sobre ellas, pero a mí me fascinan esas cosas tan obvias que siempre quieren ocultar. Ahora, nadie niega que haya mucho más enterrado a una profundidad mayor y que esto sea más relevante. Digamos que me quedo con una parte de sus historias
febrero 1, 2010 a 9:15 pm
Sonotthepoint
La parte guay.